Edición especial: Santísimas mamás científicas lactantes

Publicado por mamascientificas en

Para finalizar la Semana de la Lactancia Materna 2018 les cuento mi santísima experiencia amamantando. Debo confesar que de todas las cosas de la maternidad la que menos me gusta es la lactancia. Para mi, amamantar es el mayor sacrificio relacionado con la maternidad, sin embargo, lo hice y ¡dos veces! Mi experiencia con M1 fue tranquila, mi producción de leche alta y fuimos lactancia exclusiva sus primeros 3 meses. Y ahora, se preguntarán si mi primera experiencia fue buena ¿por qué es la lactancia lo que menos me gusta? Pues…

La primera razón son los brasieres y protectores de lactancia, y la segunda es la hinchazón de los pechos con lo que no me sentía nada cómoda, y la tercera es el agotamiento. A veces no quería ni salir ni dormir solo de pensar en toda la armadura que me tenía que poner. Es que si no me armaba, la leche corría a montones y terminaba con la ropa mojada y oliendo a una combinación de vomito de bebé con leche cortada. Sumado a todo eso, cuando regresé de la licencia de maternidad, y a falta de un cuarto de lactancia en el laboratorio, tenía que extraerme la leche en el baño y guardarla en la cafetería a expensas de que la señora de la limpieza preguntara (gritando) ¿De quién es esta leche? Pero todo sea por proporcionarle a nuestros hijos las propiedades casi mágicas que tiene la leche materna.

Si la primera vez lo había considerado un sacrificio, en mi experiencia con M2 me sentí una mismísima santa. Es que M2 nació hambriento (lo sigue siendo) y desde el primer día en el hospital su agarre al pecho fue doloroso, interminable y desordenado. Literalmente sentía que me succionaba la vida. Pero lo peor fue a los 3 días de dar a luz, empiezo con fiebres altas y a sentirme fatal. Me hicieron exámenes de todo, me revisaron la herida de la cesárea y y los pechos para descartar infección y mastitis pero resulta que lo que tenía era una neumonía y me tenían que hospitalizar inmediatamente. Lloré y seguí llorando solo de pensar en que no podía ver a los M&M y ni lactar a mi M2 recién nacido. Pero no tenía opción… Así que para no perder la producción de leche, me ordeñaba pero tenía que botar la leche extraída porque por los medicamentos no eran aptos para el bebé ¡Que dolor!

Al final pude amamantar a ambos hasta los 6 meses. Periodo en el que me sentí satisfecha del deber cumplido.

Felíz semana de la lactancia materna a todas las que quisieron y a las que no, a las lo hicieron y a las que lo siguen haciendo pero santifico a todas esas mamás “sacrificadas y agotadas” que llevan la lactancia exclusiva por más de 6 meses, sobretodo cuando me cuentan el dolor, las mastitis, las mordidas y todo lo que tuvieron que pasar para cumplir su propósito.

Yis

Categorías: Yis & Lore

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